Si alguna vez sorprendió a un perro que robaba comida, conocerá el
sentimiento: la sensación de que el pichicho sabe que hizo algo malo y
se siente... culpable. Tal vez eso sea un poco exagerado, pero intente
decirle a un dueño que su mascota no puede experimentar dolor,
entusiasmo, amor u otros estados mentales que, usualmente, reservamos a
los humanos. No llegará muy lejos.
El mes último, más de 200 especialistas reunidos en el Primer Foro de
Ciencia Canina, en Hungría, discutieron, entre otras cosas, qué ocurre
en la mente de un perro.
Los perros domésticos evolucionaron de los lobos hace alrededor de
10.000 años. Como sus cerebros se encogieron cerca del 10%, los
especialistas en comportamiento animal creían que los perros eran lobos
tontos. Sin embargo, cada vez resulta más claro que los miles de años
que transcurrieron junto al ser humano han tenido un efecto llamativo en
las capacidades cognitivas de los perros.
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